Para Luis Nishizawa, enseñar no era un deber: era una vocación natural, una forma de dar sentido al arte, una manera de perpetuar la belleza a través del conocimiento. Su papel como académico y maestro marcó no solo generaciones de artistas, sino también una forma de entender el arte como disciplina, ética y emoción.
Durante más de seis décadas como docente en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, y en su propio Museo Taller Nishizawa, el maestro compartió con generosidad su sabiduría, su experiencia y su pasión por los materiales, convencido de que un artista no solo debe imaginar, sino también conocer, respetar y dominar su técnica.
Luis Nishizawa dedicó gran parte de su vida a estudiar a fondo los materiales: pigmentos naturales, aglutinantes, temple, tinta, óleo, cerámica, grabado, papel, piedra. Para él, cada elemento tenía un espíritu, una historia, una forma única de comportarse. Enseñaba a sus alumnos a escuchar al material, a dialogar con él, a trabajar con paciencia y precisión.
“Conocer los materiales es respetar el arte. La técnica no es un obstáculo, es el camino”, solía decir.
Impartió cursos especializados en pigmentos antiguos, el temple sobre lino y madera, y sobre muro, técnicas orientales como el sumi-e o el suiboku, el grabado clásico y contemporáneo, y la preparación artesanal de telas y lienzos. Su enseñanza era rigurosa pero siempre cercana, guiada por el amor al oficio.
Su mayor legado como maestro no fue sólo técnico, sino humano y filosófico. Enseñó que el arte es también un acto de humildad, de observación profunda, de búsqueda interior. Formó a cientos de alumnos que hoy lo recuerdan no solo como un maestro, sino como un guía generoso, sabio y sereno.
Para él, enseñar no era repetir técnicas, sino transmitir un espíritu. Le interesaba que sus alumnos aprendieran a observar el mundo, a respetar la materia, a trabajar con rigor y, sobre todo, a descubrir su propia voz como creadores.
En cada generación de artistas formados por él, quedó sembrada una semilla de su visión: que el arte verdadero nace de la integridad, del trabajo continuo y del respeto por el tiempo de la creación.
Hoy, la enseñanza de Luis Nishizawa sigue viva en:
Luis Nishizawa creía profundamente en la responsabilidad de legar el conocimiento a las nuevas generaciones, no por vanidad, sino por amor al arte y a nuestro país. Veía en cada joven artista un futuro posible, una semilla que merecía ser cuidada. Nos enseñó a mirar, a sentir y a crear con profundidad y honestidad.
Su legado como maestro es una herencia de sensibilidad, rigor y amor por el arte.