El Taku-hon es una técnica tradicional japonesa de impresión que permite capturar, mediante presión y tinta, relieves de superficies talladas como piedra o madera. Originalmente usada con fines documentales y arqueológicos, evolucionó hasta convertirse también en una forma de expresión artística.
El artista japonés Kojin Toneyama junto con Luis Nishizawa y su esposa Eva Zepeda, aplicaron esta técnica en las ruinas de Palenque y Bonampak, en Chiapas, con el propósito de documentar y reinterpretar artísticamente los relieves prehispánicos, como:
Estos trabajos se realizaron en gran formato y con extremo cuidado técnico, lo que permitió una reproducción fiel pero sensible de los relieves originales.
El Taku-hon ha pasado de ser una herramienta de estudio arqueológico a convertirse en una forma de arte en sí misma, y gracias a la labor de Nishizawa, adquirió valor patrimonial y contemporáneo. Hoy representa: