En la estación Keisei‑Ueno de Tokio, Luis Nishizawa creó en 1983 el mural cerámico titulado “Fugetsu‑ennen” (“Ritos del viento y la luna”) para la Compañía de Ferrocarriles Keisei y la Asociación de Cultura y Tráfico de Japón.
Esta obra única se encuentra en el vestíbulo principal de la entrada y recibió gran reconocimiento por su estilo simbólico y poético.
Nishizawa plasmó un motivo cargado de tradición japonesa: un niño emergiendo de la boca de una carpa koi, alcanzando un molinete colorido. Esta imagen alude a la fiesta Festividad del Niño (Tango no Sekku), cuando en Japón se izan koinobori (banderas en forma de carpa) para honrar la fortaleza y futuro de los niños. La carpa simboliza la capacidad de crecer y superar los obstáculos (como en la leyenda del pez que se convierte en dragón), mientras el molinete sugiere energía, esperanza y futuro atómico, en una alegoría contemporánea del desarrollo y renovación.
Es un mural realizado en bajo-relieve cerámico y tejas de gran escala, pensado para el entorno arquitectónico de una estación urbana muy transitada.
Las piezas cerámicas se modelaron y esmaltaron cuidadosamente, combinando tradición artesana japonesa con precisión estética.
El resultado crea texturas, volumen y colores duraderos, ideales para obra pública y de alto tránsito.
Nishizawa concibió esta pieza como un gesto de diálogo cultural, honrando sus raíces japonesas y su identidad bicultural mexicana.
Quiso también transmitir una imagen de esperanza, vitalidad y futuro, especialmente en un espacio dedicado a la movilidad humana.
Como él mismo declaraba, pretendía que el mural despertara la curiosidad, motivara reflexiones e inspirara a quienes lo vieran, especialmente a los jóvenes.
Es el único mural significativo que Nishizawa realizó en Japón, y uno de los pocos que integran técnica cerámica monumental con simbolismo cultural.
Junto a su labor en México, este mural demuestra su visión amplia del arte: una unión de país, historia, técnica y emoción, plasmada con mano experta.
“Fugetsu‑ennen” no solo adorna una estación: es un mensaje silencioso y poderoso, un arte público que une países, generaciones y esperanzas. Un recuerdo vivo de cuánto puede decir una imagen cuidadosamente tejida con cerámica y simbolismo.