thumb

Sumi-e y Suiboku: la esencia del trazo en la obra de Luis Nishizawa

Luis Nishizawa Flores supo unir como pocos las tradiciones artísticas de Oriente y Occidente. A través del estudio profundo y respetuoso de técnicas japonesas como el Sumi-e y el Suiboku-ga, el maestro incorporó a su obra una poética del trazo, donde el silencio, el vacío y la tinta se convierten en lenguaje.

¿Qué es el Sumi-e?

El Sumi-e es una antigua técnica japonesa de pintura con tinta negra, cuyo nombre significa literalmente “pintura a tinta”. Surgida a partir de la caligrafía china, esta técnica busca capturar la esencia de los objetos más que su apariencia externa. El trazo es directo, libre, fluido; se pinta con pinceles suaves sobre papel de arroz o seda, usando distintas diluciones de tinta negra para lograr sombras y matices.

¿Qué es el Suiboku?

El Suiboku-ga o “pintura monocromática con tinta”, es una forma más específica dentro del Sumi-e que enfatiza el uso expresivo del blanco y negro, donde el contraste, la atmósfera y la profundidad se logran a través de la concentración de tinta y el manejo del agua. En lugar de contornos rígidos, todo se sugiere: un árbol, una montaña, una neblina.

Ambas técnicas valoran lo inacabado, lo espontáneo, lo sugerido. En ellas, el vacío no es ausencia, sino presencia: espacio para la imaginación.

¿Cómo las utilizó Nishizawa?

Desde sus viajes a Japón en los años 60 y 70, Nishizawa se sintió profundamente identificado con el espíritu del Sumi-e y el Suiboku. Para él, estas técnicas no eran exóticas, sino una forma de meditación, de introspección artística, que complementaba su formación occidental.

Las integró en muchas de sus obras de tinta sobre papel, especialmente en sus paisajes, volcanes, rocas, árboles y escenas minimalistas. En ellas, los colores ceden su lugar a la fuerza del trazo: líneas austeras, atmósferas neblinosas, paisajes que parecen flotar en el silencio.

La tinta negra me permite expresar lo más profundo con lo más simple”, decía el maestro.

Además de producir obras en estas técnicas, Nishizawa enseñó el arte del Sumi-e y del Suiboku en México, compartiendo no solo los procedimientos técnicos, sino también su dimensión espiritual.

Su legado japonés, hecho mexicano

Lo más valioso de su práctica fue que nunca intentó “copiar” la pintura japonesa, sino dialogar con ella. Adaptó estas técnicas a su propio universo: los volcanes mexicanos, los paisajes del Valle de México, las flores del altiplano, los frutos del mar.

Así, Nishizawa creó un puente estético entre México y Japón, demostrando que el arte no tiene fronteras cuando se hace desde la verdad, la contemplación y el respeto.

El Sumi-e y el Suiboku, en manos de Luis Nishizawa, dejaron de ser técnicas lejanas para convertirse en poesía visual mexicana, trazada con tinta, en silencio... con el alma.