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El Aire es Vida (1958)

Luis Nishizawa y el muralismo: arte para todos, arte con sentido.

Luis Nishizawa Flores, además de ser un gran paisajista y maestro del arte gráfico, fue también un notable muralista, convencido de que el arte debía estar al alcance de todas las personas, en los espacios públicos, en la vida cotidiana. Su obra mural es un puente entre historia, identidad, belleza y espiritualidad, tanto en México como en Japón.

¿Por qué muralismo?

Desde su juventud, Nishizawa fue testigo del auge del muralismo mexicano y de su fuerza para educar, conmover e inspirar. Admiró a figuras como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, pero decidió forjar su propio camino, con un estilo más contemplativo, menos ideológico y más humanista, donde la narrativa fluye con poesía visual.

Para él, el mural era una forma de compromiso social y cultural, una manera de llevar el arte a los muros del pueblo y contar, en gran escala, lo que somos como nación.

El mural no se posee: se comparte. Está ahí para todos, como lo está el cielo, la tierra, la historia.

Técnicas utilizadas

Nishizawa empleó diversas técnicas en sus murales, dependiendo del espacio, el tema y el soporte:

  • Temple sobre muro, técnica tradicional que dominaba con maestría
  • Óleo y acrílico sobre paneles o lienzos adheridos a muro
  • Cerámica de alta temperatura para murales en exteriores
  • Vitral emplomado, como elemento mural decorativo
  • Frescos contemporáneos y técnicas mixtas que combinaban dibujo, pintura y grabado

Cada una de estas técnicas fue elegida con rigor y sensibilidad, buscando siempre que el resultado se integrara armónicamente con el entorno arquitectónico y el mensaje cultural.

Cosmogonía Náhuatl (1986–87)

El Lecho del Universo (1987)

Murales destacados en México:

El Aire es Vida (1958)
Hospital General del Centro Médico Nacional Siglo XXI, IMSS, Ciudad de México.
Uno de sus primeros murales, donde representó el poder vital de la naturaleza, la salud y la energía del cuerpo humano, con un enfoque lírico y universal.

Cosmogonía Náhuatl (1986–87)
Biblioteca del Centro Cultural Mexiquense, Toluca
Realizado en cerámica de alta temperatura, este mural monumental revive los mitos prehispánicos del origen del universo, con imágenes que reflejan el calendario solar, las deidades nahuas y la conexión entre el hombre y la naturaleza.

El Lecho del Universo (1987)
Museo de Arte Moderno del Centro Cultural Mexiquense, Toluca
Realizado en piedra basáltica, este mural simula el tejido, la textura sencilla, lisa y áspera a la vez del petate mesoamericano.

El Hombre y su Libertad (1990)
Procuraduría General de la República, Ciudad de México
Una obra que habla de la justicia, la dignidad y la responsabilidad social del ser humano. El mural muestra figuras humanas luchando por su integridad y su conciencia, con fuerza simbólica y equilibrio plástico.

La Revolución Mexicana (2010)
Palacio de Gobierno del Estado de México, Toluca
Uno de sus murales más emblemáticos, pintado a los 92 años. A través del temple, Nishizawa rinde homenaje a los personajes clave de la Revolución, entrelazando historia, emoción y esperanza. Es un testimonio del México profundo y de la lucha por la justicia social.

La Revolución Mexicana (2010)

Fugetsu‑ennen, Tokio, Japón (1983)

Murales en Japón: unión entre culturas

"Fugetsu‑ennen". Ritos del viento y la luna (1983)
Nishizawa plasmó un motivo cargado de tradición japonesa: un niño emergiendo de la boca de una carpa koi, alcanzando un molinete colorido. Esta imagen alude a la Festividad del Niño (Tango no Sekku), cuando en Japón se izan "Koinobori" (banderas en forma de carpa) para honrar la fortaleza y futuro de los niños. La carpa simboliza la capacidad de crecer y superar los obstáculos (como en la leyenda del pez que se convierte en dragón), mientras el molinete sugiere energía, esperanza y futuro atómico, en una alegoría contemporánea del desarrollo y renovación.

Amistad y Hermandad (2008)
Centro Cultural MOA, Atami, Japón
En esta obra, Nishizawa celebra el vínculo entre Japón y México, dos culturas que habitaron en su interior. El mural combina símbolos de ambos países —volcanes, cerezos, magueyes, grullas, figuras ancestrales— en una composición armónica, hecha con respeto y amor.

Inspiración detrás de sus murales

Luis Nishizawa se inspiró en la historia, la espiritualidad, la naturaleza y el pueblo mexicano. Nunca buscó imponer ideas, sino compartir imágenes que invitan a pensar, sentir y recordar. Su obra mural fusiona lo mítico con lo cotidiano, lo universal con lo íntimo.

Hoy, sus murales siguen hablando con fuerza serena desde hospitales, bibliotecas, palacios y museos. Son ventanas abiertas a nuestro pasado, a nuestra identidad, a nuestra humanidad. Son, en palabras del propio maestro, “un acto de amor al espacio y a la gente que lo habita”.