El temple en la obra de Luis Nishizawa: técnica, tradición y permanencia.

Luis Nishizawa Flores fue un maestro que no sólo dominó la imagen, sino también los materiales. Entre todas las técnicas que estudió y perfeccionó a lo largo de su vida, el temple ocupó un lugar privilegiado, tanto por su riqueza expresiva como por su historia ancestral.

¿Qué es el temple?

El temple es una técnica pictórica que se remonta a la antigüedad —usada por culturas como la egipcia, bizantina y medieval europea— y que consiste en mezclar pigmentos con aglutinantes naturales como yema de huevo, cola de pescado o caseína. Esta fórmula permite lograr una textura tersa, colores luminosos y una gran durabilidad.

¿Por qué lo adoptó Nishizawa?

Nishizawa se interesó por el temple como parte de su búsqueda rigurosa de las raíces del oficio pictórico. Influido por la tradición oriental de respeto por la materia y por su admiración a los antiguos maestros, encontró en esta técnica una manera de hacer dialogar el pasado con el presente.

Fue también una forma de rendir homenaje al carácter manual y ritual del arte, de volver a la esencia del hacer: preparar sus propios pigmentos, entender el comportamiento de cada soporte, trabajar capa por capa con precisión y paciencia.

Uno tiene que recorrer muchos caminos y quedarse después en lo que considera más apegado a su personalidad”, decía el maestro. Para él, el temple no era solo una técnica: era una actitud ante el arte, un compromiso con la autenticidad.

En qué obras lo utilizó

El temple está presente en varias de sus obras sobre lino, madera y muros. Destaca su uso en “La Revolución Mexicana”, el mural que realizó en 2010 en el Palacio de Gobierno del Estado de México. En esa obra monumental, Nishizawa demostró que una técnica milenaria podía seguir viva, poderosa y vigente, al servicio de un mensaje contemporáneo.

Preservar esta técnica

El uso del temple en la obra de Luis Nishizawa es prueba de que la tradición no está en el pasado: vive en las manos que la recrean con respeto y pasión. Su legado invita a mirar al arte no sólo como expresión, sino también como memoria, oficio y continuidad.