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Luis Nishizawa y su etapa de abstracción

¿Qué implicó esta etapa para él?

En las décadas de los años 50´s y 60´s, Nishizawa vivió un periodo de exploración que lo llevó desde el realismo y el expresionismo hacia la abstracción, como parte de su búsqueda por representar no solo lo visible, sino también la emoción, la atmósfera y el espíritu del paisaje. Durante ese proceso, eliminó gran parte del elemento figurativo para centrarse en la densidad emocional y los matices del color y la forma.

Características de su abstraccionismo

Pinturas en gran formato con espacios amplios y atmósferas sutiles, casi monocromáticos en muchos casos.

Uso intensivo de tintas negras o tonos tierra, donde la propuesta era menos representativa y más contemplativa, buscando una conexión interior con el espectador.

Este periodo fue una transición clave para perfeccionar su lenguaje visual y prepararse para el estilo paisajístico que definiría su madurez artística.

¿Cómo influyó en su estilo definitivo?

El paso por la abstracción le permitió desarrollar un sentido más profundo del espacio pictórico y la estructura visual. Refinar su dominio del color y la atmósfera, elementos que finalmente se fusionarían con su pintura de paisaje.

En su propia reflexión resalta:

“Durante mis primeros años como pintor, exploré diversos estilos —abstracto, tinta, figuración, expresionismo y paisaje— porque quise responder a mis pensamientos sobre la vida a través de cada uno de ellos”.

Aunque hoy es más reconocido por su etapa paisajística y su maestría del óleo y el temple, la abstracción fue para Luis Nishizawa una etapa de maduración visual y emocional. Fue una fase necesaria, delicada y poderosa, que consolidó su paleta, su atmósfera y su visión interior. Un paso intermedio que marcó el nacimiento de un lenguaje propio, sostenido en la armonía, la sensibilidad y la técnica refinada.