Experiencias con Luis Nishizawa
Tuve el privilegio de tener algunas experiencias fundamentales para mí, con el maestro Luis Nishizawa. Narro brevemente las tres principales:
La primera ocurrió en los primeros años de los 80, cuando empecé a dar clases en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, invitado entonces por la artista Magaly Lara. En algún seminario de investigación interdisciplinaria que en esa época se abrió, me presentaron al maestro y me cautivó, por su disposición y sencillez. Mi tarea con él consistió en entrevistarlo sobre sus opiniones acerca del ejercicio docente en sus materias, con miras a un nuevo plan de estudios que estaba entonces por realizarse (tarea que se interrumpió, con el despido del Director, Gerardo Portillo Ortiz). Sus aportaciones fueron espléndidas, llenas de conocimiento y muy propositivas para una época en que la enseñanza del arte en esa institución universitaria, se encontraba anquilosada, al estar sujeta al plan de 1976.
La segunda fue durante otra entrevista, en la misma ENAP. Ocurrió unos cuatro años después, a mi regreso de una estancia en Europa. Tenía yo que hacer una investigación sobre el tema de la nueva figuración y el monstruosismo en el arte mexicano, y entonces recordé obra maravillosa que él tenía en esa categoría, así como su gentileza y buena disposición. Me recibió con toda cordialidad y me proporcionó ideas e informaciones del mayor interés, mismas que contribuyeron sin lugar a dudas a que mi ensayo sobre ese tema fuera premiado por la Delegación Cuauhtémoc y el INBA, con una beca de crítica de arte que duró un año.
La tercera ocurrió en un jurado de arte sobre el dibujo en México, en el que coincidí con él. Yo participaba en calidad de “crítico joven” y él, claro, de maestro consagrado. No recuerdo el año preciso, pero ya fue en los años 90´s. Tampoco recuerdo a los otros miembros del jurado (qué pena). Sucedió que entre la obra seleccionada para montarse, teníamos que seleccionar tres premios. Uno de ellos correspondió, sin mayor debate, a Pedro Asencio; otro más a un artista joven que después dejó el arte, y el tercero a una bellísima artista, cuyo nombre me reservo. Yo la quería premiar porque conocía su obra. Entré en debate con el maestro y me dio una cátedra sobre el dibujo que se me tatuó en la memoria. Después de la lección, me dijo: si después de lo comentado, usted insiste en premiarla, adelante… Y no, no quedó la bella artista.
Luis Rius Caso